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sábado, 31 de mayo de 2008

GUÍA DE LECTURA: ROMANCERO GITANO

PROFES.NET

Lecturas comentadas El "Neopopularismo" del 27
Autor: Federico García Lorca
Obra: Romancero gitano
Selección y comentarios:
Fernando Carratalá Teruel

Ficha bibliográfica

Federico García Lorca.
Primer romancero gitano
Madrid, editorial Castalia, 1988 (última edición, de 1990). Colección Clásicos Castalia, núm. 171. Edición, introducción y notas de Miguel García-Posada. (El título –sin abreviar- reproduce el de la portada de la edición princeps, publicada, en 1928, en Madrid, por la Revista de Occidente. El volumen incluye, además, “Llanto por la muerte de Sánchez Mejías”, “Romance de las corrida de toros en Ronda”, y otros textos taurinos, así como tres apéndices: La “Burla de Don Pedro a caballo”, “Conferencia-recital del Romancero gitano”, y “Música de Federico García Lorca para dos romances –el del Prendimiento y el de la Muerte de Antoñito el Camborio-, en transcripción de Regino Saínz de la Maza. El volumen se cierra con unas “Notas informativo-textuales” sobre cada uno de los romances).

Sinopsis argumental y estructura de la obra

En 1928 se publica el "Romancero gitano", obra compuesta por dieciocho poemas: del 1 al 15 -que constituyen el auténtico “núcleo gitano”-, y la sección “Tres romances históricos”; obra en la que se hallan fundidos los motivos populares andaluces y la técnica ultraísta más refinada, el romance tradicional -si bien mezclando lo narrativo con lo lírico- y la capacidad metafórica más insólita.

El “Romancero gitano” en modo alguno es una andaluzada folclórica. A este respecto, escribe el propio García Lorca: “El libro en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más elemental, lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal.”; un libro que su autor define como “antipintoresco., antifolclórico, antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta.”, y en el que los gitanos aparecen como depositarios de la mejor tradición andaluza.

La visión del mundo andaluz que ofrece García Lorca en esta obra está cargada de patetismo: en el Romancero gitano “hay un solo personaje -dijo el propio autor-, que es la pena que se filtra por el tuétano de los huesos”; y basta con leer, por ejemplo, el “Romance de las pena negra” y el “Romance sonámbulo” para comprobar el tono patético de una obra que, estilizando los elementos populares a través de unas imágenes de brillante colorido y musicalidad, alcanza una enorme calidad poética.

Valoración crítica: sorprendente capacidad metafórica y dominio absoluto del romance

García Lorca convierte el lenguaje metafórico en un poderoso y original recurso expresivo: símiles y metáforas de altísima calidad estética se desparraman por toda la obra y justifican sobradamente estas palabras del poeta: “Sólo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo”; o estas otras: “El poema que no está vestido no es poema, como el mármol que no está labrado no es estatua”. Recuérdese, por ejemplo, en el romance titulado “Las casada infiel”, cómo García Lorca describe la sensualidad del cuerpo femenino desnudo. Las impresiones táctiles y visuales que el cutis de la amante causan en el gitano se expresan con estos sugestivos versos: “Ni nardos ni caracolas / tienen el cutis tan fino, / ni los cristales con luna / relumbran con ese brillo” (versos 28-31); es decir, que la suavidad de la piel de la amante sobrepasa la de las aromáticas flores blancas de los nardos y la del nacarado de las caracolas, y su luminosidad es superior a la de los cristales bañados por la luz nocturna de la luna. O, por citar otro conocido ejemplo, adviértase cómo García Lorca pone a prueba la expresividad del lenguaje con estos versos pertenecientes al “Romance sonámbulo” (versos 17-20), en los que predomina la ambigüedad de sentido de las palabras, su valor connotativo: “La higuera frota su viento / con la lija de sus ramas, / y el monte, gato garduño, / eriza sus pitas agrias”. García Lorca ha pretendido transmitirnos en estos versos la sensación de pánico que experimenta la naturaleza toda -ante trágicos acontecimientos inminentes-; y para ello ha recurrido a un lenguaje tan irracional como poético: el viento, al sacudir las ramas de la higuera, se hace áspero y duro como éstas; y el monte, como un gato aterrorizado, eriza sus más espinosas plantas, las pitas.

En cuanto al romance -como género literario, con una amplia y antiquísima tradición-, García Lorca ha sabido condensar en él todas las características propias del Romancero castellano medieval: versos octosílabos con una única rima asonante en los pares; comienzo de los poemas “in media res”, entrando directamente en el tema; inserción de rápidos diálogos introducidos sin “verba dicendi”; adjetivación reprimida; aposiciones que ejercen una función similar a la de los epítetos épicos; constantes repeticiones y paralelismos; exactas referencias temporales y locales para situar las acciones narradas; interrupción de la narración en el punto de máxima tensión emocional -procedimiento estético llamado “fragmentarismo”, con el que se logra que el poema gane en lirismo y capacidad sugeridora-; escasez descriptiva; y, de modo muy notable, la restauración del “epos” (piénsese, por ejemplo, en la grandeza épica de la “Muerte de Antoñito el Camborio” o del “Romance de la Guardia Civil española”). Sin embargo, y como rasgos distintivos propios, García Lorca añade la continua referencia al mundo andaluz y, en especial, a las costumbres gitanas.

Así es, en definitiva, el arte desplegado por García Lorca en el "Romancero gitano": un extraordinario dominio del romance -lección aprendida en el Romancero Viejo, cuyo influjo, no obstante, es más de espíritu que de forma-; una constante interpretación poética de la realidad a través de imágenes siempre brillantes que alcanzan una altísima calidad estética; y, sobre todo, un tremendo esfuerzo por lograr la perfección formal de los poemas.

Propuesta de actividades

1. Establecer una comparación, desde el punto de vista de las técnica literaria empleada en su composición, entre el romance del siglo XV que comienza con los versos “Helo, helo por do viene / el moro por la calzada,...” -romance que ya refleja el refinamiento de la sociedad cortesana- y el romance de García Lorca titulado “Muerte de Antoñito el Camborio”.

2. Comentar las novedades métricas que, en relación con el romance tradicional, presenta el romance titulado “La casada infiel”.

3. Desde sus orígenes, el romance ha sido un género de fructífera tradición literaria. Grandes poetas cultos del siglo XVII lo han cultivado y nos han legado espléndidas composiciones de marcado carácter popular. Recopilar una breve antología de romances de Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora.

4. La tradición popular es depositaria de romances y coplas que perviven en la memoria de las gentes. Recopilar, del folclore local algunas de estas composiciones frecuentes en los cantos de las fiestas populares- y fijarlas por escrito.

5. Descifrar el lenguaje metafórico que García Lorca exhibe en el “Romance sonámbulo” y valorar el indiscutible acierto de sus hallazgos poéticos.

6. La naturaleza, transformada -y embellecida- por medio de audaces metáforas, está presente en el “Romancero gitano” casi como un personaje más, y no como un simple telón de fondo. Recopilar algunas de las más sugerentes metáforas con las que García Lorca sitúa -en distintos romances- los amaneceres y atardeceres, y valorar el papel que dichas metáforas desempeñan en las correspondientes tramas lírico-narrativas.

7. Imitando el “inimitable” estilo de García Lorca y, en cierta manera, su hermetismo gongorino a la hora de crear sus transposiciones metafóricas, intentar recrear, personalmente, algunas de sus metáforas.

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